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La frase prohibida que toda organización debe eliminar

Hace poco tiempo tuvimos el placer de visitar las instalaciones de una empresa industrial donde parte del equipo nos hizo una presentación sobre cómo trabajaban. Uno de los puntos fuertes de la compañía era la innovación. Su director comercial le daba mucha importancia a este aspecto y desde su llegada había aportado a la compañía cambios importantes. Además, nos comentó que en la organización tenían prohibida una frase: “siempre se ha hecho así”.

¿Quién no se ha encontrado alguna vez con este argumento? Sea de forma explícita (no muy frecuente) o implícita en los procedimientos de trabajo (mucho más habitual), hay inercias y costumbres muy difíciles de cambiar. Es como si la fuerza del hábito, por sí misma, fuese suficiente para justificar los métodos de trabajo.

Aunque nadie sepa el porqué de muchas de las normas en las organizaciones ni si siguen siendo válidas o si las circunstancias han cambiado, todos colaboran en su cumplimiento. Se justifica argumentando que las normas son necesarias y el trabajo en equipo exige que se respeten. Lo cual es cierto, pero su seguimiento ciego y acrítico no aporta nada positivo. Y por el contrario sí lleva a la pérdida de iniciativa, creatividad y capacidad de innovación.

Con la idea de ejemplificar, desarrollar y explicar esta realidad os voy describir un experimento que se realizó con monos.

Consiste en encerrar varios monos en una jaula de la que cuelgan unos plátanos.

Cada vez que uno de ellos se acerca a cogerlos al resto les mojan con agua fría.

Después de X veces, cada vez que uno de los monos se acerca a los plátanos, el resto se encarga de que no lo consiga para no sufrir el castigo.

Uno a uno los monos son sustituidos por otros diferentes, que sin conocer la causa-efecto de los plátanos y el agua fría, se dirigen seguros hacia el delicioso manjar.

Cada vez que esto ocurre el resto de los monos se encarga de que no los alcance.

Llega un momento en que todos los monos son sustituidos. No queda dentro de la jaula ninguno que haya experimentado directamente el castigo del agua fría al coger los plátanos, pero no es necesario porque todos ellos siguen la misma pauta de no dejar que nadie se acerque a los plátanos.

¿POR QUÉ? Porque es lo que siempre han conocido. ¡Siempre se ha hecho así!

Este sencillo experimento demuestra que podemos creer firmemente en verdades sobre las que no tenemos ningún conocimiento real. Verdades que tal vez en algún momento del pasado, en otras circunstancias tuvieron una razón de ser, pero que hoy, para ti, puede que sólo sean barreras en tu mente inconsciente. Paradigmas mentales. Barreras tan poderosas que ni siquiera eres consciente de que existen, lo que te impide plantearte una alternativa.

¿Y en tu organización? ¿Os habéis planteados nuevas fórmulas de trabajo? ¿Seguís funcionando con una metodología implantada hace décadas? Plantearse nuevas dinámicas de trabajo puede llevar a un futuro éxito importante para la empresa.

Autora: Yeli Jiménez

Dpto. Comercial y Marketing

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Cada persona es única, debemos desarrollar sus puntos fuertes

Cuando dirigimos personas dentro de una organización hay que tener claro que nuestra prioridad número uno es sacar el trabajo adelante. Se trata de algo innegociable. No debemos olvidarnos de que como empresa tenemos que alcanzar una serie de objetivos establecidos y fijados.

Sin embargo, los encargados de liderar grupos de personas dentro de la entidad están obligados a tener una visión más amplia de la actividad y del trato con sus compañeros.

En cada equipo de trabajo tendremos perfiles muy variados que hay que conocer para poder sacar el provecho adecuado. En función de los puntos fuertes de cada empleado, desarrollaremos una serie de aspectos u otros. Pero debemos ser conscientes de que todos son únicos, no existe ningún perfil idéntico y repetido.

Por lo tanto, resulta extremadamente importante detectar y trabajar los puntos fuertes de cada empleado con el objetivo de sacar el mayor potencial del mismo. Si queremos tener una plantilla de gente brillante tendremos que trabajar con ellos desde sus fortalezas, desarrollarles y hacerles sentirse seguros desde ellas, nunca desde sus debilidades. Primero potenciar sus fortalezas y luego ya trataremos de minimizar sus debilidades. Ese es el orden adecuado.

En relación a esta realidad que viven las empresas, merece la pena recordar una fábula que ilustra a la perfección el pésimo resultado que se puede obtener si no se desarrolla los puntos fuertes de cada individuo. “Una historia de animales”, G. H. Reavis (subdirector Escuelas Públicas de Cincinnati – 1940).

Autora: Inés de la Peña

Consultora en Évolo Consultores

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“UNA HISTORIA DE ANIMALES”

Un día, algunos animales decidieron que era importante hacer algo para afrontar los problemas del “nuevo mundo”. Fundaron una escuela. Decreta¬ron que las materias que habría que enseñar serían: la carrera, la escalada, la natación y el vuelo. Y para simplificar la aplicación del programa, decidieron que todos los animales aprendieran todas las materias.

El PATO era un excelente nadador e incluso mejor que su instructor, pero no pasó de aceptable en el vuelo y muy pobre en la carrera. Como era lento en la carrera, asistió a clases particulares y tuvo que abandonar la natación para entrenarse mejor en la carrera. Después de un cierto tiempo, sus patas palmeadas estuvieron de tal manera gastadas que se convirtió en un nadador medio. Pero la escuela aceptaba nadadores medios. De este modo, nadie se preocupó realmente… salvo el pato.

El CONEJO, primero de la clase en carrera, tuvo una depresión nerviosa a raíz de sus esfuerzos para llenar sus lagunas en natación.

La ARDILLA era excelente en la escalada, pero se frustró mucho en la clase de vuelo a la vista de que su instructor le obligaba a partir del suelo y no desde lo alto de un árbol. Sufrió estrés y fue clasificada con un aprobado justito en escalada y un suspenso en carrera.

El ÁGUILA era un alumno problemático. Tuvo que ser reprendida severa¬mente porque en clase de escalada ganaba a todos los demás llegando la primera a lo alto del árbol, pero se empeñaba en hacerlo a su manera.

Al final del curso, una ANGUILA insólita que podía nadar notablemente bien y además correr, escalar y volar un poco, obtuvo la media más alta y tuvo el honor de pronunciar el discurso de clausura del año escolar.

G.H. Reavis (Subdirector Escuelas Públicas de Cincinnati)

Esta fábula viene a la perfección para que cada uno realice una reflexión personal teniendo en cuenta a su compañía y sus colaboradores. ¿Cómo es mi relación con ellos? ¿En qué me fijo? ¿Mi comportamiento y mis decisiones afectan a su comportamiento? ¿Construyo desde las habilidades de cada individuo del equipo? ¿Trato de buscar en cada persona su punto fuerte?

Todas estas preguntas merece una reflexión profunda con el objetivo de detectar y desarrollar las habilidades de cada una de las personas que forman mi equipo.

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